Enseñar a nuestros hijos a ser amables y compasivos, especialmente con sus compañeros aislados debido al trastorno bipolar, es muy importante en el mundo actual.
Hace poco me preguntaron: "¿Cómo puede mi hija, que está en secundaria, ayudar a un compañero que tiene problemas de salud mental? ¿Tienen alguna sugerencia sobre qué decirle que pueda ser útil a este chico y que demuestre amabilidad, compasión y que busque comprenderlo?"
Al seguir leyendo, me di cuenta de que es una situación lamentable. Ni el profesor ni la escuela han ofrecido programas contra el estigma ni educación sobre enfermedades psiquiátricas. El comportamiento del chico deja claro que algo está pasando y ha comentado (a menudo con frustración) que padece una enfermedad mental, pero no se les explica nada a los demás jóvenes.
Enseñar a nuestros hijos a ser amables y compasivos con los demás es importante, y en general, una buena herramienta para la vida. Pero es aún más urgente cuando alguien se siente aislado y visible, y cuando ese alguien es un joven.
La ayuda depende de lo cómodo que se sienta el joven al ofrecer ayuda y si se siente apropiado y auténtico al hacerlo.
Los pequeños gestos de bondad son poderosos
Saludar y tratar al estudiante con dificultades como a cualquier otro amigo es increíblemente sanador. Incluirlo en conversaciones habituales y decirle que se alegra de que esté en su clase es reconfortante y tranquilizador. Aunque, por supuesto, solo debe decirse si es verdad. La verdad y las palabras sinceras son fundamentales. Invitarlo a almorzar con ella y sus amigos es una excelente manera de conectar (aunque esto puede ser difícil porque ya se han formado camarillas).
En cierto modo se trata de NO hablar de su trastorno.
Probablemente se siente muy diferente y destaca (por las razones equivocadas). El sentido de pertenencia es fundamental para una adolescencia sana. Por eso, ayudar a este chico que lidia con una enfermedad mental a sentirse parte de la sociedad es una acción excepcionalmente amable y compasiva.
Si tiene una amistad con él o desarrolla una estrecha, podría decirle con delicadeza que le gustaría saber más sobre su enfermedad mental. Pero es importante evaluar si el chico está dispuesto a hablar de ello o si es un tema demasiado delicado para él.
Si son o llegan a ser buenos amigos, un simple “si quieres hablar, aquí estoy” resulta de gran ayuda.
¿Qué te ayudó en las primeras etapas de la recuperación? ¿Qué dijeron tus amigos que te resultó más útil?
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Fuente: https://www.bphope.com

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