El trastorno bipolar se ha entendido durante años sobre todo como una alteración del estado de ánimo, descrita en términos de oscilaciones entre episodios de depresión y fases de manía o hipomanía. Sin embargo, la investigación de las últimas décadas ha puesto el foco en los mecanismos biológicos que sostienen esas oscilaciones. Entre ellos, la regulación hormonal y el funcionamiento del reloj biológico ocupan un lugar central, porque conectan aspectos tan cotidianos como el sueño, la luz, el estrés o las rutinas sociales con la probabilidad de que aparezca un cambio de fase. Comprender cómo se relacionan las hormonas y los ritmos circadianos con los episodios bipolares ayuda a explicar por qué el sueño irregular o los periodos de estrés intenso pueden desestabilizar a una persona, y también por qué ciertas intervenciones centradas en la regularidad vital mejoran el pronóstico.
El ritmo circadiano es el sistema interno que sincroniza al organismo con el ciclo de luz y oscuridad de aproximadamente 24 horas. Este reloj maestro, localizado en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, coordina la secreción de hormonas, la temperatura corporal, los patrones de sueño y vigilia y múltiples funciones metabólicas. Diversos trabajos, como “Bipolar Disorder, Circadian Rhythm and Clock Genes”, han mostrado que las personas con trastorno bipolar presentan alteraciones en ese sistema: cambios en la preferencia de fase (mayor tendencia a cronotipos vespertinos), patrones de sueño fragmentados, desplazamientos del inicio de sueño y desajustes entre el reloj interno y las demandas sociales.
La melatonina es una de las hormonas clave para entender ese vínculo. Su secreción aumenta con la oscuridad y contribuye a inducir y consolidar el sueño nocturno. En personas con trastorno bipolar se han descrito ritmos de melatonina retrasados, aplanados o menos estables, tanto en fases de eutimia como durante episodios depresivos o maníacos. El estudio “Combined cortisol and melatonin measurements with detailed parameter analysis can assess the circadian rhythms in bipolar disorder patients” comparó simultáneamente los perfiles circadianos de melatonina y cortisol en pacientes con trastorno bipolar encontró patrones significativamente desorganizados respecto a sujetos sanos, con alteraciones en la amplitud y el acrofase de ambos ritmos, lo que sugiere una desincronización del sistema hormonal global. Estos hallazgos encajan con la observación clínica de que la privación de sueño, los cambios bruscos de huso horario o el trabajo en turnos nocturnos pueden precipitar manía o hipomanía en personas vulnerables.
El cortisol, principal hormona del eje hipotálamo–hipófisis–suprarrenal, ofrece otra pieza esencial. Este eje se activa ante el estrés físico o psicológico y presenta un ritmo circadiano bien definido, con un pico matutino y un descenso progresivo durante el día. Una revisión sistemática y metaanálisis sobre el eje HPA en trastorno bipolar, “The HPA axis in bipolar disorder: Systematic review and meta-analysis”, concluyó que existe una hiperactividad de este sistema tanto como rasgo como en determinados estados, con niveles de cortisol basales elevados y respuestas alteradas en pruebas de supresión.
El eje tiroideo constituye otro nodo crítico en la relación entre hormonas y episodios bipolares. La disfunción tiroidea se considera frecuente en estas personas, ya sea como condición comórbida o como efecto de tratamientos como el litio. Una reciente revisión sobre disfunción tiroidea y trastorno bipolar (“Thyroid Dysfunction and Bipolar Disorder: A Literature Review Integrating Neurochemical, Endocrine, and Genetic Perspectives”) resume la evidencia que vincula tanto el hipertiroidismo como el hipotiroidismo con la inestabilidad del estado de ánimo, el aumento de la frecuencia de episodios y los cuadros de ciclación rápida; además, destaca que la corrección de la alteración hormonal puede mejorar el curso clínico en un subgrupo de pacientes.
Estos ejes hormonales no actúan de forma aislada. El reloj circadiano modula el momento del día en que se liberan cortisol, melatonina y hormonas tiroideas, y a su vez estas hormonas influyen en el funcionamiento de estructuras cerebrales implicadas en la regulación emocional. La evidencia sugiere que, en el trastorno bipolar, esta red de relojes biológicos periféricos y centrales está menos sincronizada, de modo que las señales de luz, el sueño, la actividad y las rutinas sociales no se integran de manera estable.
El papel de las hormonas y del reloj biológico en los episodios bipolares no está completamente resuelto. Persisten preguntas sobre qué cambios son causa y cuáles consecuencia de los episodios, sobre la influencia de factores genéticos y ambientales y sobre por qué algunas personas son especialmente sensibles a pequeñas variaciones de sueño o estrés. Sin embargo, la convergencia de datos sobre melatonina, cortisol, tiroides, sueño y ritmos sociales refuerza la idea de que la estabilidad del organismo a lo largo del día es un componente clave de la estabilidad del estado de ánimo. Integrar esta perspectiva en la práctica clínica permite diseñar intervenciones más ajustadas, que no solo traten los síntomas, sino que actúen también sobre los sistemas biológicos que contribuyen a mantenerlos.


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