Hay días en que mi
mente,
corre rápido,
mis ideas emergen con rapidez,
y el mundo parece
un lugar inevitable.
Le converso al cielo,
¿A quién más?,
me siento eterno
la mayor parte del día,
frágil, brillante,
muy yo mismo.
Luego aparece mi otro
yo,
no avisa,
solo llega,
mis palabras pesan,
mis resultados
son óptimos,
y el tiempo vuelve cerrado.
No es un placer,
no es decir
es más,
es un oleaje íntimo,
que me lleva
mas allá.
Aprendo de mis
fuerzas,
a escuchar el tiempo,
a no discutir con la noche,
entiendo que siendo
diferente,
no me resta fuerza.
La bipolaridad no es tormenta,
es un leve síntoma,
alegría profunda,
una forma de sentirme vivo.
Cabalgo mi día,
buscando equilibrio,
y aunque suene terrible,
no lo consigo,
pero aprendo a nivelarme.

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