Querido bipolar,
Has sido mi mejor compañero a lo largo de los años. Me encontraste en la preparatoria y te negaste a separarte de mí. Convenciste a todos de que siempre estaba decaído y malhumorado, lo que me hizo perder amigos en el proceso. Me convenciste de que era menos persona porque elegiste vivir conmigo, pero ahora te digo que ya no eres bienvenido.
Por favor, no te pongas a la defensiva, ni siquiera intentes llorar. Ya tomé una decisión y mi cuerpo me lo agradece. Últimamente, me has quitado toda motivación para hacer ejercicio y eso me ha dejado con mucho dolor. Tienes mi cuerpo en alerta, la adrenalina corriendo por mis venas. Te pido que sueltes el control que tienes sobre mi cuerpo, porque no lo soporto más. La tensión muscular me hace llorar por un terrible dolor de espalda y rigidez en el cuello. Me duele, pero me niego a dejarte ganar. Así que te lo repito: es tu turno de irte.
No recuerdo la última vez que dormí ocho horas seguidas. Has decidido usar mi mente como tu cine, repasando imágenes de mi pasado. Sin saber que esos momentos aún me duelen el alma, me esfuerzo a diario por olvidarlos. A veces te oigo reír cuando doy vueltas en la cama. Quieres compañía hasta altas horas de la noche, pero yo tengo que trabajar por la mañana. Mi hora de queda es a las 10 de la noche, y como no la has respetado, tengo que pedirte que te vayas y no vuelvas nunca más.
Me di cuenta de que revolviste en mi refrigerador, dejando rastros de ansiedad y estrés. Me haces dudar si puedo comer un tomate o si mi estómago aceptará una naranja. Me haces mirarme al espejo, criticando cada pequeño bulto que nos hace humanos. Vi el mensaje que dejaste en mi mesita de noche: "¡Ros, estás GORDA! ¡Adelgaza!". Lo tiré. No creo que te des cuenta de cuánto me costó tener una relación sana con la comida. Por favor, vete, antes de que me convenzas de que no soy perfecta tal como soy.
Te agradezco lo que has hecho por mí. Has destacado mi resiliencia y fortaleza. ¿Recuerdas aquella vez que te dije que quería dejar la universidad, pero me obligaste a terminarla y obtuve mi título? ¿O aquella vez en la clase de yoga cuando sentí que me temblaban las manos, pero me demostraste que podía aguantar más? Te agradezco que me hayas convertido en una soñadora creativa. Mi imaginación no tiene límites. Puedo ver un mundo lleno de amor y paz de maneras que mucha gente probablemente nunca imaginará. Puedo escribir durante días sin que se me acaben las ideas. Soy poeta cuando me apetece algo diferente y fotógrafa cuando busco un reto.
Sin embargo, aun con todo esto, tenemos que separarnos; porque mis días de llanto han terminado. Mis días de alegría y felicidad ocupan tu lugar.
Atentamente,
Sobreviviente
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Fuente: https://ibpf.org/an-open-letter-to-bipolar-disorder/


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