Hay diez pilares básicos que, a mi juicio, son fundamentales para conseguir un estado de salud mental óptimo, que tiene que ver con el equilibrio entre cuerpo y mente, con la capacidad para pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás y, en definitiva, con alcanzar la serenidad/felicidad, independientemente de factores tanto externos, como sociales o personales.
1.- Independencia emocional
La independencia emocional viene referenciada como una actitud interna y muy profunda mediante la cual las personas podemos vivir nuestra propia vida sin depender de nadie más. Si ser independiente es lo contrario de dependiente, el vivir nuestra vida bajo el yugo de que ésta sea aprobada o no, o sometida a juicios constantes por parte de otras personas de nuestro círculo, nos priva de nuestra libertad. Que deseemos estar rodeados de personas que nos quieran y a los que querer es incluso positivo ya que somos seres sociales. Sin embargo, necesitar al otro para que sea el sentido de nuestra vida es una expectativa patológica.
2.- Independencia económica
Se trata de un estado que permite alcanzar una situación financiera determinada y suficiente como para poder tomar decisiones en nuestra vida desde una posición de libertad. El disponer de moneda de cambio, aunque sea mínima o nula, permite al individuo desarrollar otras independencias necesarias para un mínimo equilibrio emocional. La independencia económica no pasa por tener recursos, sino por poseer la libertad de elegir tomar decisiones aún en la pobreza, sin depender de nadie y sin contar con su aprobación. Ser independiente económico nos aporta la capacidad de elegir con absoluta franqueza. La frase mítica “En mi hambre mando yo” aporta un claro ejemplo de que una vez más obtener una cuidada salud mental, viene de la mano de sentirnos independientes en todo lo relacionado con las decisiones de nuestra vida.
3.- Independencia intelectual
La información es poder. Por definición, se conoce la independencia intelectual como ese conjunto de actitudes, aptitudes y condiciones del entorno que hacemos propias para desarrollar un pensamiento crítico y construir nuestro propio conocimiento. Cultivar la inteligencia e intelecto nos permite tener habilidades para aprender de la experiencia, entender todo lo complejo del día a día, razonar y poder resolver problemas. En definitiva, lo que conseguimos es adaptarnos al entorno.
4.- Consciencia de existencia
¿Vivir la vida surfeándola o buceándola? El surfeo pasa por hacer un camino superficial y el buceo por hacerlo profundizándolo. El ser humano está capacitado para “saber o conocer” que tiene una existencia. Todo esto conlleva poder sentirnos vivos, seres que existen y encontrar el sentido a nuestra vida, que no es otro que el de vivirla sin más. La salud mental también va de la mano de tener esta emoción sana de ser conscientes de que existimos. Por eso mismo, al existir tenemos un valor, independientemente de los valores que tengamos como personas inteligentes, no inteligentes, ricas, pobres, cultas, incultas, con éxito profesional, sin éxito profesional… Todo va de la mano al valor que tenemos como individuos y cuando eso lo hacemos conscientemente, es el punto de referencia, el ancla de donde partir para obtener la tranquilidad, serenidad, aplomo y, en definitiva salud mental.
5.- Consciencia de soledad
El ser humano es un ser social pero también es un ser individual. Es un individuo que convive con su propio sistema y es un ser también que convive en el sistema donde hay otros. Para mí, no son dos conceptos que se deban aprender al mismo tiempo. En mi opinión, es muy importante que el individuo aprenda primero a conocerse, que la soledad no sea un castigo, sino que sea una opción. Además, el paradigma debería venir de la siguiente manera: si sé estar solo, saber manejar mejor las relaciones con los demás y mi vida va a ser mucho más completa y serena. Desde el aprendizaje de saber estar con nosotros mismos, sabremos reflexionar, discernir, gestionar los miedos, los pensamientos, el futuro, el pasado o el presente. Desde ahí, insisto, es muchísimo más fácil vivir después en sociedad. Uno de los pilares básicos de la salud mental es la consciencia de que estar solos no es sinónimo de ser menos feliz, sino en entender la soledad como aprendizaje de relacionarse con uno mismo.
6.- Consciencia de las expectativas
Uno de los pilares básicos de la salud mental es no esperar jamás nada de nadie; no esperar mucho de nosotros mismos; y no esperar que nadie espere de nosotros.
Las expectativas hay que mantenerlas a raya. La expectativa -como esperar el amor de los hijos, la aceptación de los padres o un novio-, alcanzable o no, produce en muchas ocasiones frustraciones. En cuanto a las expectativas con nosotros mismos, tenemos que esperar que vamos a cometer fallos y ser conscientes de que esos fallos son parte integrante de la vida. Hay que mantener a raya también distorsiones como las expectativas sobre la generosidad o el deber. Debemos tener muchísimo cuidado con las creencias limitantes que, en muchos casos, hemos heredado. Debemos pararlas y reconducirlas bajo nuestro propio criterio para nuestra propia tranquilidad y serenidad.
7.- La consciencia de priorizarnos
Otro de los pilares básicos para cuidar nuestra salud mental estriba en desarrollar nuestro ser individual, satisfacer primero nuestras necesidades antes de las necesidades de los demás. En la película de Náufrago se ve cómo el personaje que caracteriza Tom Hanks puede estar solo, centrado en los objetivos de cubrir sus necesidades y su mente y tira la toalla cuando Wilson la pelota que él humaniza se pierde en el mar, cuando siente que no quiere seguir luchando. Es un ejemplo claro de cómo se prioriza a los demás.
Priorizarnos supone mucho más esfuerzo, requiere de muchísima valentía, la valentía de conseguir objetivos difíciles, de practicar el autocuidado, de saber decir no Una vez que se consiguen, llegamos a sentirnos orgullosos de nosotros mismos, plenos.
8.- Estructura de coherencia
Estamos en equilibrio mental cuando somos coherentes y la coherencia se alcanza cuando somos respetuosos con la estructura que tiene el ser humano, que está compuesta por los pensamientos o ideas, sentimientos o emociones y las conductas que hacemos. Cuando no hay coherencia entre nuestros pensamientos y nuestros actos, generamos unas emociones contradictorias. En definitiva, hay una lucha que nos desestructura; la lucha continua con nosotros mismos con batallas mentales nos lleva a un grado de insatisfacción permanente. Por ello, es importante ser conscientes de que, si esta estructura de pensamientos, emociones y conductas no bailan al unísono, no se puede obtener una salud mental.
9.- Inteligencia emocional
Conocida también como consciencia emocional, se refiere a la capacidad del ser humano para conocer que existen emociones, identificarlas y saber gestionarlas. Nuestra salud mental pasa por estar informados de que nosotros como seres humanos podemos regular estas emociones y no tanto querer evitar las que consideramos negativas. La tristeza, la ira, la angustia, la rabia… las consideramos emociones negativas porque están en la parte negativa, opuesta a la positiva. Hay un polo positivo y un polo negativo, como las pilas, y las emociones no son malas por estar en el polo negativo. Es más, las emociones negativas como la tristeza o la ira son lícitas. Saber manejar todo esto desde nuestra inteligencia emocional es un poder que tenemos. En nuestras manos tenemos alcanzar un desarrollo emocional contundente como para saber que la vida conlleva miles de cosas negativas y lograr normalizarlas, con la capacidad de estar sereno para afrontarlas.
10.- Carpe diem
Vivir el aquí y el ahora y el concepto del carpe diem es el pilar para mí más potente para la salud mental porque en realidad osamos pensar que tenemos el control de nuestra vida presente, entre las frustraciones del pasado y los miedos o expectativas del futuro, y olvidamos que lo único que tenemos seguro es el momento actual, el minuto, el instante actual.Entonces, la salud mental pasa por la consciencia plena de vivir, ser consciente en cada momento de que lo único que tenemos es lo que estamos viviendo, sintiendo, tocando… Cuando somos conscientes de esto, podemos poner nuestros cinco sentidos en lo que hacemos como si fuese lo último.
La consciencia plena requiere de compromiso, de muchísima concentración, esfuerzo y aceptación. Posicionarnos donde estamos, estar en contacto con la tierra es lo que nos proporciona la verdadera felicidad y, por ende, salud mental.
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Fuente: https://pilarguerra.es


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