Me cuesta creer que hayan pasado 10 años desde que me diagnosticaron trastorno bipolar. Ojalá pudiera recordar mi aterrada adolescencia y decirle que, aunque la vida a veces fuera una montaña rusa de altibajos, me esperaba un futuro brillante, lleno de esperanza y alegría. Me llevó tiempo aprender a manejar este trastorno, y el camino estuvo lleno de altibajos. En estos últimos 10 años he experimentado un dolor inimaginable, pero también he aprendido a amarme incondicionalmente. Al recordar la última década, las siguientes lecciones me han ayudado a sobrellevar la situación y a construir una vida plena. Sigue leyendo para conocer mi experiencia y ver si tus experiencias únicas te han enseñado algo similar.
1. Hacer las paces con mi diagnóstico
No pude comenzar mi recuperación hasta que reconocí plenamente que vivía con una enfermedad mental. Por mucho que lo intenté, pronto me di cuenta de que ignorar la realidad de mi situación no la haría desaparecer. Tuve que aprender a ser lo suficientemente valiente para aceptar que esta era mi vida. A partir de ahí, pude comenzar el trabajo duro para sacarle el máximo provecho.
2. Adopta la mentalidad de “Mente, Cuerpo, Espíritu”
Me quedó claro de inmediato que si no hacía ejercicio con regularidad ni elegía una alimentación saludable, solo contribuiría a profundizar mi depresión. Ahora considero el ejercicio como un excelente liberador de estrés y me encanta la energía que me brindan los alimentos nutritivos. Además, he descubierto que necesito dedicar tiempo a nutrir mi espíritu. Orar, escribir un diario y la adoración colectiva centran mi mente y calman mi alma, dándome la fuerza para afrontar cada día. Estas son cosas que puedo controlar, así que tomo la decisión consciente de aprovecharlas.
3. Confía en mi equipo de salud mental
Al principio, no quería admitir que necesitaba un equipo de salud mental tan grande; al principio, eran desconocidos para mí y no confiaba en ellos. Pero con el tiempo, vi que estos profesionales siempre se preocuparon por mí y estuvieron ahí para ayudarme. Sus consejos imparciales y su vasto conocimiento han sido invaluables, y ahora respeto su opinión y confío en su orientación.
4. Conozca mis desencadenantes
Me llevó años reconocer qué desencadena mi manía o depresión. Ahora entiendo bien qué actividades o personas desencadenan un episodio, y me aseguro de evitarlas. Si estas situaciones son inevitables, soy especialmente diligente en monitorear mi estado de ánimo y tomar las medidas necesarias para proteger mi estabilidad.
5. Minimizar el tiempo de inactividad
He descubierto que cuanto más tiempo libre tengo, más empiezo a caer en la depresión o la manía. Comprometerme a salir de casa y trabajar, hacer voluntariado, hacer ejercicio y pasar tiempo con mi familia y amigos es crucial para mí. No es fácil, pero ahora me esfuerzo por llenar mis días no con la televisión y Facebook, sino con actividades significativas y con propósito que enriquecen mi vida.
6. El sueño es mi mejor amigo
Quedarme despierto toda la noche fue lo que desencadenó mi primer episodio maníaco grave. Desde entonces, he aprendido que mi estabilidad depende de dormir lo suficiente. Siempre me aseguro de no trasnochar y de darme tiempo suficiente para descansar.
7. No te quedes en el pasado
Si me permitiera obsesionarme con cada hospitalización, cada mala decisión que tomé durante los episodios maníacos o todos los días que pasé durmiendo durante la depresión, perdería toda esperanza. Elijo centrarme en aprovechar al máximo el presente y creo en la promesa de un futuro brillante. Reconozco que el pasado ocurrió, pero no dejo que empañe la felicidad del aquí y ahora.
8. Cultivar la comunidad
No pude hacer esto sola. Necesito que la gente me acompañe en mi camino hacia la recuperación. A menudo, fue difícil dejar que la gente entrara en mi mundo roto, pero estoy muy agradecida de haber aprendido a permitir que mis amigos y familiares me animaran, apoyaran y amaran en los momentos difíciles, celebraran conmigo mi estabilidad y disfrutaran de esta vida mientras sigo adelante.
9. Aléjate de las relaciones destructivas
Mencioné anteriormente lo importante que ha sido para mí tener gente a mi lado. Pero, lamentablemente, a lo largo del camino he encontrado a otras personas que han perpetuado una mentalidad de estigma y vergüenza. Aprendí que permitir que estas personas entraran en mi vida no era sano y, cuando era posible, debía alejarme de la relación o, al menos, limitar el contacto. Ahora me concentro e invierto solo en las relaciones que me brindan amor y aliento.
10. Busca siempre la alegría en la vida
En lugar de centrarme en todo lo que el trastorno bipolar me ha arrebatado, ahora, en la medida de mis posibilidades, busco la alegría en todos los aspectos de mi vida. Todavía hay días oscuros, pero ahora sé que siempre hay rayos de sol. Por pequeños que sean, elijo centrarme en las bendiciones que he recibido y en las cosas que me hacen feliz. Esto me da muchísima esperanza y fuerza.
Esta lista no lo abarca todo, pero estas lecciones principales son las que me han ayudado a definir mi forma de vivir con una enfermedad mental. Las estrategias aquí enumeradas funcionan en armonía para promover mi estabilidad y éxito. Sé que los próximos 10 años presentarán sus propios desafíos y que la forma en que manejo el trastorno bipolar seguirá evolucionando, pero me inspira a aprovechar estas lecciones y continuar mi camino hacia la recuperación y el crecimiento personal. Los animo a que se tomen un tiempo para reflexionar sobre lo que su enfermedad mental les ha enseñado. Reflexionen sobre las lecciones que han aprendido a lo largo de su trayectoria y utilicen ese conocimiento para construir el mejor futuro posible.
El contenido de los blogs de Trastorno Afectivo Bipolar (https://blog-trastornoafectivobipolar.blogspot.com/) es solo informativo. Consulte siempre a su médico y no ignore el consejo médico profesional por algo que haya leido en cualquier contenido de este blog.
Fuente: https://ibpf.org/10-lessons-from-10-years-of-living-with-bipolar/


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