Bienvenidos al Blog Trastorno Afectivo Bipolar

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Te sorprendería lo que puedes lograr

Autor: Charles Kelly

La vida con trastorno bipolar ha estado llena de altibajos, e incluso cuando había controlado mis síntomas, me encontré enfrentando una lucha más profunda: una desconfianza persistente en la versión estable de mí mismo. Los episodios maníacos habían proyectado sombras, haciéndome dudar de la persona equilibrada y más confiable en la que me había esforzado por convertirme. Superar esta mentalidad fue como despojarme de viejas capas, y finalmente me di cuenta de que mi estabilidad no me quitaba la creatividad; la potenciaba. No era una versión inferior de mí mismo: estaba más optimizado, más centrado. La estabilidad me permitió prosperar en la universidad, donde podía manejar la carga de trabajo y la disciplina que antes parecían fuera de mi alcance

Pero este camino de autoaceptación no ocurrió de la noche a la mañana. Se desarrolló gradualmente, sobre todo cuando empecé a correr y, con el tiempo, a competir en medias maratones. Nunca imaginé que correr se convertiría en parte de mi vida; fue algo con lo que me topé, casi como una vía de escape a las presiones y críticas que conllevan las enfermedades mentales. Al principio, corría simplemente para desahogarme, pero pronto me fijé metas tangibles, yendo más allá de la simple liberación mental. Correr pasó de ser un mecanismo de afrontamiento a una forma de poner a prueba mis límites.

Durante mi primera media maratón, las dudas me rondaban la cabeza. La ansiedad y los pensamientos negativos resonaban con cada paso: Ni siquiera puedes terminar. Esas zapatillas fueron una compra absurda. Acabarás caminando. No se trataba solo de correr; era un reflejo de cada examen y presentación donde dejé que las dudas me frenaran. Pero a pesar de estos miedos, completé la carrera —un recorrido desafiante sobre puentes—, recorriendo 21 kilómetros en menos de dos horas. Este hito fue crucial, pues me demostró que podía superar las barreras mentales. Con cada kilómetro, me daba cuenta de que siempre había sido capaz; era mi mentalidad la que necesitaba un cambio.

Después de eso, me enganché. Correr se convirtió en una forma de salir de mi zona de confort, donde, como describe Mihaly Csikszentmihalyi, me encontraba en un estado de "flujo", entre el aburrimiento y la ansiedad. Un mes después, me inscribí en una media maratón discreta en Houston. Esta vez, me puse metas aún más altas, decidido a mejorar mi tiempo. Cruzar la meta con una mejor marca personal de 1:47 fue gratificante, pero las comparaciones y las conversaciones en línea me hicieron cuestionar su importancia. Aun así, seguí adelante, pensando que cada carrera tenía que ser mejor, más rápida.

La siguiente carrera, sin embargo, supuso un gran avance. Con mi novia animándome, me propuse terminar en 1:30, un tiempo que había estado consiguiendo en los entrenamientos. Me esforcé más que nunca y logré 1:47, un poco por debajo de mi objetivo, pero suficiente para quedar segundo en mi categoría de edad. Aunque al principio lo ignoré, esta carrera me hizo comprender algo más profundo: mi disciplina al correr podía trasladarse a otras áreas de mi vida. Estaba llegando al final de mis cursos universitarios más difíciles, y me di cuenta de que la misma concentración, ética de trabajo y resiliencia que puse en el entrenamiento podrían ayudarme a tener éxito académico y en la vida.

Correr me enseñó que el progreso no siempre se trata de velocidad, sino de compromiso y crecimiento. Las habilidades que perfeccioné durante el entrenamiento (concentración, resiliencia y disciplina) podrían ayudarme a ser mejor estudiante, escritora y persona. En lugar de dejar que distracciones como Netflix o las redes sociales me robaran la concentración, comencé a invertir en cosas que realmente importaban, como leer, escribir un diario y planificar mi futuro. Este cambio transformó las tareas "aburridas" en actividades con propósito, brindándome más alegría que cualquier distracción pasajera.

Finalmente, me di cuenta de que correr rápido o terminar con fuerza no significaba nada si no triunfaba en las áreas de la vida que más me importaban: mis estudios, mis relaciones y mi crecimiento personal. Cada vez que elegía la disciplina por encima del placer fugaz, honraba a quienes creían en mí y me recordaba mi potencial. La honestidad absoluta conmigo misma y el apoyo de mi terapeuta me ayudaron a canalizar esta energía hacia cosas importantes: graduarme, considerar un posgrado y reavivar mi pasión por la investigación.

Correr ha sido más que un simple viaje físico; ha sido un camino hacia el autodescubrimiento. Ya no corro solo para escapar; corro hacia algo: hacia una versión de mí mismo en la que creo, que respeto y que me sorprende con lo que puedo lograr.



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Fuente: https://ibpf.org/youd-be-surprised-at-what-you-can-accomplish/

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