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Personas positivas

El positivismo ha sido tema de debate desde que nace la Psicología como disciplina que explica el comportamiento humano. Algunos estudios sobre el tema aluden a que independientemente de donde se coloque el positivismo humano como constructo de personalidad o de carácter, podemos considerarlo como una tendencia de pensamiento potente que lleva a que la emoción sea positiva y, con ello, las conductas o respuestas que demos en nuestra vida también lo sean.

Basados en la formulación de A. Comte en el siglo XIX, el positivismo es considerado como la “actitud realista y práctica de una persona ante la vida, que lleva al conocimiento de una experiencia positiva comprobada a través de los sentidos”.

Desde este punto de vista y, si consideramos la tendencia positiva como una aptitud, sí podemos cultivar el ser positivos mediante la observación del estilo de pensamiento que utilicemos; esto es, la atención plena hacia el tipo de lenguaje interno que aparece en nuestra psiquis y,  por lo tanto, la educación y reestructuración de nuestras conversaciones privadas en solitario, para observar hacia donde se dirigen: si a un lado negativo cargado de densidad o, por el contrario, hacia el polo positivo que nos lleva a diálogos internos mucho más livianos y sin tanta intensidad que nos puedan permitir el descanso a los torbellinos de pensamientos pesimistas.

¿Cómo llega a ser una persona positiva?

Ser una persona positiva se debe a la suma de muchos factores, entre otros, el estilo de paradigma que se utilice en el momento histórico que viva la sociedad cuando nacemos. Si bien observamos que ha habido décadas en que ha podido predominar la tendencia romántica en el que el sufrimiento como respuesta ante los acontecimientos era un plus,  en el momento actual en que vivimos se empieza a poner de moda afortunadamente la llamada Disciplina Positiva, donde los padres o educadores se comprometen a modelar a las nuevas generaciones desde el respeto, autoridad coherente y no autoritarismo, con un enfoque amable y firme en la enseñanza y crianza “democrático” y no dictatorial, cosa que lleva directamente a que experimentemos unos diálogos con lenguaje más realista y práctico.

Desde este punto de vista observamos que las vivencias de la infancia son un determinante para la actitud positiva en la edad adulta, aunque no todo depende de ello. Cuando nacemos traemos una carga genética y congénita que también nos condiciona: son los llamados cimientos de nuestra personalidad. Tras ello, comienza el llamado Aprendizaje, es decir, el fenómeno de ensayar hasta conseguir lo que considere cada uno la mejor conducta. Observamos desde pequeños todo lo que acontece a nuestro alrededor, y lo copiamos. A veces nacemos en casas donde todo es pesimismo y negatividad, y nuestra personalidad puede hacer dos cosas: o imitamos este estilo denso lo repetimos y enseñamos a nuestros descendientes o, por el contrario, nos oponemos a todas estas frases que escuchamos de carga intensa y pesada, y decidimos hacer todo lo contrario a lo que vemos, como para escapar de ello y mantenernos desobedeciendo con suerte a lo negativo que hemos observado. El concepto de “elegir” es por tanto una opción factible; al fin y al cabo, positivo y negativo son dos polos de un continuo. Elegir estar en el positivo es un trabajo y, sin embargo, se puede convertir en un don que abre puertas en nuestra vida.

¿Se puede acabar viendo el lado positivo de las cosas?

El psicólogo Scott Barry Kaufman, de la Universidad de Columbia de Nueva York apostaba por indagar e investigar más la tendencia al positivismo humano, ya que la mayoría de los psicólogos estamos enfocados a estudiar y avanzar en lo negativo de las personas y ayudarle a salir de las psicopatologías.

En este sentido, la personalidad negativa estaría basada en la “triada oscura de la personalidad”. Personas con carga negativa llegan a tener comportamientos desagradables para los demás. Este terceto de rasgos lleva al narcisismo o la admiración exagerada hacia uno mismo, al maquiavelismo o la manipulación y estrategia para engañar al de al lado, y la psicopatía, considerada como la insensibilidad y cinismo hacia el otro con el fin de cosificarle, esto es, utilizarle como a una cosa u objeto. Parece ser que en cierta medida todos y cada uno de nosotros tenemos estos rasgos en potencia; algunos los ponen en práctica, y otros tenemos la suerte de domarlos.

Podemos acabar del lado positivo de las cosas si estamos informados de que existe también la llamada “triada positiva o luminosa”, que nos sostiene como seres humanos positivistas, que tratan a otros seres humanos como humanos y no como medios para obtener un fin, valorando la propia dignidad y la de los otros, y la creencia en la confianza de que todo está bien, y si no lo está, está bien que no lo esté.

Consejos para ver la realidad con unas gafas más rosas

Ver la realidad de color rosa es percibirla de manera más positiva, gestionando las vivencias que causan dolor y convirtiéndolas en solo experiencias, sin darles el juicio de buenas o malas, sino solo parte de la vida. Esta manera de actuar es el resultado de poner a nuestro servicio un conjunto de herramientas para enfrentar los sucesos independientemente de que sean adversidades o no.

Todo depende de la interpretación que se dé a los sucesos que acontecen a nuestro alrededor, y dicha interpretación es consecuencia de utilizar creencias no limitantes o ideas irracionales.

Los pensamientos o ideas que nos limitan tienen que ver con no saber diferenciar entre necesidades y deseos, ya que las primeras llevan a la frustración si no se consiguen, y los segundos, aunque no se consigan, no nos llevan al pesimismo porque no los consideramos necesidades.

La exigencia es otra trampa que oscurece al rosa frente a la excelencia que tan solo mantiene vivo el color, ya que todo aquello que se intenta controlar está de la mano del perfeccionismo, y este es una expectativa inalcanzable que no tiene sentido perseguir.

La actitud de ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío es también algo que se puede elegir, siempre y cuando observemos lo que tenemos y no lo que nos falta, evitando de esta manera una tendencia a consumir vivencias solo gratificantes en vez de considerarnos seres completos y llenos de abundancia simplemente por el hecho de ser partícipes de esta experiencia que es la vida en sí, con sus luces y sus sombras.

¿Se puede puede cambiar nuestro cerebro?

Sí, con herramientas que contribuyan al desarrollo personal, en el sentido de conocer e identificar los pensamientos con los que interpretamos la realidad, las emociones que sentimos tras estas interpretaciones, las conductas o respuestas que demos tras observar los sentimientos y las consecuencias negativas o positivas que tengamos como consecuencia de todo este proceso.

Hasta ahora se ha creído que a medida que avanzábamos en edad, “podábamos” las neuronas, deteniendo el crecimiento.

Sin embargo, la tendencia pesimista sí que lleva a un estado de estrés crónico como consecuencia de estar manteniendo ideas negativas durante tiempo prolongado, endureciendo nuestra psiquis y llegando incluso a producir enfermedades psicosomáticas.

Por ello, un cambio de creencias, ejercita la permeabilidad del cerebro y su plasticidad, generando nuevos discursos internos que conducen a nuevas realidades más optimistas.

Fomentar la creatividad ayuda a la resolución de problemas, evitando los atascos mentales que acarrean pesimismo y alteraciones psicológicas.

De la misma manera, un adulto puedes ser capaz de entrenar el cerebro para activar el lado más optimista, pudiendo convertirse en un hábito.

Pasar del pesimismo al optimismo en la edad adulta tiene que ver también con evitar hacer generalizaciones, adivinaciones tenebrosas del futuro y comenzar a diferenciar entre catástrofes y contratiempos.

Evitar posturas extremas nos entrena en el equilibrio donde nos hacemos conscientes de que la calma y la tranquilidad se pueden elegir, y que cada uno somos capaz de escoger qué manera de pensar queremos comprar de entre todas las miles de maneras de pensar que tenemos a nuestro alrededor.

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Fuente: https://pilarguerra.es

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