Viví con el dolor de un duelo sin gestionar durante años. Luego aprendí a replantearlo como punto de partida para sanar. A partir de ahí, pude volver a una vida de paz, felicidad y positividad.
La pérdida más difícil de la vida
La pérdida de un ser querido, en mi opinión, es el dolor emocional más intenso que existe, especialmente cuando se trata de nuestros padres, hermanos o hijos. He tenido la fortuna de perder solo a mis padres, pero puedo decir que esta es la pérdida más grande y profunda de mi vida. Nunca lo imaginas hasta que lo vives, y mi deseo es compartir mi experiencia con la esperanza de que pueda ayudar a otros en sus momentos de necesidad. El duelo tiene una forma de apoderarse de mi mente y arraigarse en mi conciencia; me mantuvo en el dolor y la pérdida hasta que encontré maneras de superarlo y seguir adelante con positividad y felicidad (que es exactamente lo que mis padres habrían querido para mí, no quedarme estancado en el dolor emocional).
Reformular el duelo para sanar
Pasé por el proceso de duelo durante tres años; durante ese tiempo, me quedé con el dolor de la pérdida de mis padres. No tenía control sobre mi mente; el dolor era tan profundo y profundo. Mis pensamientos se llenaron de culpa, vergüenza y arrepentimiento; me sentía perdida, desesperanzada , indefensa, abandonada, huérfana. (Mi madre falleció primero. Tras la muerte de mi padre, la pérdida de ambos padres me resultó más difícil de procesar).
El tiempo pasó rápido, así que no pareció tanto tiempo, pero tres años fueron demasiado tiempo para permanecer en un dolor emocional intenso. Lo que aprendí fue replantear y planificar mi enfoque del duelo. Aprendí a las malas qué no hacer. No tener una estrategia establecida fue un error, y aprendí de eso. Entreno a otros para que avancen replanteando el proceso de duelo como el comienzo de la sanación —de la pérdida emocional, la herida emocional— con la intención de procesar el duelo para superarlo y retomar el rumbo de una vida feliz y positiva. Cuando nos recuperamos de un evento, sin importar cuán traumático sea, siempre encontramos la manera de volver a seguir adelante con felicidad y positividad, especialmente después de una muerte. Sabemos que nuestros seres queridos querrían que hiciéramos esto, no que permaneciéramos en dolor durante toda nuestra vida.
Defensas en pie y estrategia en marcha
La valiosa lección que aprendí al sentirme abrumada por el dolor y la pérdida fue ser proactiva al gestionar las olas emocionales. Lo logré siendo consciente de mis pensamientos y manteniendo mis defensas en alto para que el dolor no bombardeara mis sentidos y me dominara.
Tras superar el dolor que me invadía la conciencia, aprendí que habría sido muy útil para procesar el duelo si no hubiera dejado que inundara mis sentidos hasta el punto de abrumarme, sentirme pesada e inmanejable. Casi como abarcar más de lo que puedo. Descubrí que habría sido más manejable afrontarlo y sanar poco a poco, en lugar de dejar que el dolor inundara mi conciencia.
Sanar el duelo implica comprometerse a procesarlo hasta liberarse de él, no a crear una nueva vida a su alrededor, a integrarlo en tu forma de ser ni a permitir que perdure eternamente. Soltar el duelo no es soltar el amor ni a la persona, es simplemente soltar el dolor. Y no podemos sentirnos culpables, de ninguna manera, por vivir nuestra vida después de una pérdida traumática. Debemos saber que nuestros seres queridos podrán descansar en paz cuando recuperemos la felicidad. Sé que mis padres no podrían estar en paz si yo hubiera permanecido en la tristeza y la infelicidad.
Manteniendo el amor
Admito que me cuesta pensar en mis padres, incluso diez años después. Solo puedo pensar en ellos esporádicamente y con buenos recuerdos. La clave está en no pensar en nada que me traiga de vuelta el dolor ni me llene de lágrimas. No los llevo en la mente. El amor de mis padres está donde siempre ha estado: en mi corazón. Los llevo en el corazón y sé que están conmigo en la vida.
Tenemos que reconciliar nuestro dolor para poder vivir una vida libre de él. Cuando usamos la positividad como sanación tras la pérdida, nos ayuda a liberarnos de la negatividad, el dolor y la infelicidad que conlleva. La muerte ciertamente no es positiva, pero podemos encontrar maneras de procesarla con positividad que nos ayuden a sanar y seguir adelante. La positividad es el camino de regreso a la felicidad, y es a donde siempre debemos regresar. Es un indicador de nuestra sanación y es muy importante para la calidad de nuestra vida.
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Fuente: https://www.bphope.com


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