Lo que una hija necesita de una madre para llegar a alcanzar un buen desarrollo como persona es la responsabilidad afectiva, entendida como un conjunto de cualidades donde se resalta la empatía y la aceptación de los hijos. Si bien la mítica frase más repetida de muchas hijas cuando se enfadan con sus progenitoras es la de “yo no te pedí que me trajeras a este mundo…”, se esgrime cuando ya están en la tierra y no hay mucho más que hacer, al menos una escucha activa por parte de las madres hacia las necesidades vitales de sus hijas puede convertirse en la mejor herramienta para unas funcionales relaciones materno filiales y para que esta frase nos la digan, a las que somos madres, lo menos posible.
El cordón umbilical es más que algo físico, es un punto de unión que perdura durante toda la vida, con el fin de que el vínculo entre madre e hija se convierta en una relación sana, donde prime la responsabilidad de las madres como verdaderas portadoras de salud emocional.
Por ello, dependiendo del tipo de personalidad que proyectemos en nuestras hijas, así será nuestra relación con ellas y, por lo tanto, dejaremos o no un buen ejemplo de desarrollo personal, ya que dentro de las teorías de la psicología y del comportamiento, el vínculo que se establece con la madre es el principal determinante de la visión que una persona tiene de sí misma y de los demás. La influencia de este vínculo, que formamos con nuestro referente materno, queda intensamente patente en nuestra vida de adultas, reflejándose de manera visible mediante nuestras fortalezas y áreas de mejora.
En definitiva, nuestro autoconocimiento, nuestra autoestima y la manera de relacionarnos con el mundo va a depender por tanto del tipo de madre que tengamos.
TIPOS DE MADRE
1.- MADRE PERFECCIONISTA
Es un tipo de madre caracterizado por una tendencia extrema hacia el perfeccionismo. Madre cuya creencia básica es la idea de la exigencia máxima en todo como la gran aliada de la vida de sus hijas. Se las distingue por estar en un continuo estado ansioso, son madres controladoras, cuyas acciones van encaminadas a querer y a necesitar controlar todo lo que sus vástagos hacen, incluso lo que piensan y lo que sienten.
La apariencia frente a los demás es su estandarte. La idea de que sus hijas parezcan perfectas es algo obsesivo y, llevándolo al extremo, terminan siendo unas grandes manipuladoras para conseguir este inalcanzable, por suerte, patológico objetivo.
Lo que sí consiguen es que las hijas terminen siendo hipercríticas con ellas mismas hasta extremos patológicos también; no olvidemos que, en los primeros años de crianza, los hijos imprentan o imitan a las figuras de autoridad como modelos a poner en práctica el aprendizaje.
Este tipo de madre perfeccionista y exigente educa en la inseguridad, ya que las hijas están constantemente necesitando la aprobación de los demás, por lo que el miedo a la crítica es una constante en sus vidas. Que los demás las rechacen es otro temor con terror que persiste aun con el paso de los años y, por supuesto, el criticar, medir y rechazar a los demás también se convierte en su deporte favorito.
Lo que estas madres no saben es que su propia intolerancia a la frustración por no conseguir la perfección en sus hijas, es algo que también enseña a éstas a no tolerar sus propias frustraciones. Si una madre exige la perfección, estará continuamente frustrada, y hará que sus hijas también lo estén, ya que la exigencia por lo perfecto es una expectativa imposible de conseguir. Madres que quieren hijas perfectas crean hijas imperfectas.
2.- MADRE IMPREDECIBLE O CON PERSONALIDAD MÚLTIPLE
Es un tipo de madre que educa según su estado de ánimo, por lo que sus patrones de educación hacia sus hijas dependen de los patrones de comportamiento que elijan en cada momento. La educación y la relación con sus descendientes tiende a tener el caos como base, ya que no hay una continuidad en su línea de actuación. Se trata de madres con nefasta gestión emocional y, desbordadas por sus propios sentimientos, arrastran tras éstos a sus hijas, lo que acarrea en ellas un profundo sentimiento de inseguridad e inestabilidad, ya que, dependiendo de la hora del día, las hijas van a tener un modo distinto de interactuación con la madre y viceversa.
En el estado de alerta que genera en las hijas LA IMPRESVISIBILIDAD Y LA INCOHERENCIA es muy alto en intensidad, frecuencia y duración, por lo que la hija vive en un continuo estado de alarma o de alerta, ya que entre sus muchas obligaciones está la de hiper vigilar para poder observar y conseguir interpretar en qué momento se encuentra el estado de ánimo de su madre y las consecuencias que de éste puede acarrear en el momento en que se dé.
Las hijas también generan un vínculo ansioso con la madre, de dependencia emocional hacia ella, con cierto temor siempre subyacente a que el humor de la madre tienda a negativo. Por ello, estas hijas suelen tener personalidades temerosas de que los afectos de los demás sean estables o no.
En líneas generales, los expertos tenemos la hipótesis de que dependiendo del vínculo materno filial que tengamos, así de la misma manera tenderemos a revivirlo en las relaciones de pareja. Una hija de una madre con esta inestabilidad emocional es una persona que se educa en un estilo de ausencia de estabilidad y puntos férreos de referencia, por lo que puede que genere relaciones de pareja basadas en el miedo y en la sensación de abandono.
3.-MADRE AMIGA
Son madres caracterizadas por mantener una relación de igualdad u horizontalidad con sus hijas, en vez de mantener la relación vertical que es la que verdaderamente se ha de tener cuando se es madre, ya que los roles no son los mismos cuando uno de los miembros es progenitor que cuando se es hijo.
Este tipo de relación está caracterizada por una ausencia de límites de autoridad y una confusión en la teoría de roles. En muchas ocasiones responsabilizan a sus hijas en la toma de decisiones, y comparten confidencias para generar confianza, lo que acarrea el efecto contrario. La inseguridad que le supone a la hija le acarrea el no tener un punto de referencia adulto y firme donde mirarse para tomar perspectiva y poder posicionarse en la vida. Esta es la principal consecuencia de este comportamiento.
Lejos de generar relaciones de confianza como dos amigas de la misma edad o condición, la madre amiga con su ausencia de límites genera en la hija una sensación de desconfianza e incluso de abandono, ya que los hijos necesitan un punto de referencia que les cuide y donde sientan protección. Este tipo de madres educan en la libertad exagerada, y en muchas ocasiones son confidentes de sus problemas más íntimos e incluso, de expresión de emociones de mucho dolor ante las que la hija no sabe manejarse, porque el esfuerzo para cuidar y consolar a la madre es incalculablemente costoso.
En conclusión, la hija educada por una madre amiga tiende a sentirse desamparada, y en las relaciones de pareja en la edad adulta, proyectan mucha sensación de sentirse poco amadas, y de creer que tienen la obligación de cuidar al otro, convirtiéndose en madres de sus propias parejas y estableciendo relaciones de desigualdad con desequilibrio. Sobre todo, la autoestima de estas hijas suele resentirse ya que no se creen merecedoras de ser cuidadas y sí con la exigencia de ser eternas cuidadoras de los demás.
4.- MADRE “MÍ, ME Y SOLO CONMIGO”, O MADRE TÓXICA.
Este tipo de madres se priorizan a sí mismas antes que a sus hijas. Anteponen sus necesidades frente a todo, de tal manera que su ego cumple un papel principal en la relación materno filial.
Según la facultativa, en estos casos las hijas crecen sintiéndose portadoras de un papel secundario, donde sus necesidades no son vistas, ni tan siquiera miradas ni validadas. Madres que son portadoras de hijas al mundo pero que de ninguna manera se hacen cargo de ellas ni de sus deseos, de tal manera que las hijas crecen con carencias que portan de herencia para el resto de sus vidas, creciendo entre algodones de egoísmo por parte de su progenitora.
Estas madres cursan con un comportamiento infantil, donde su impulsividad por conseguir todo en el aquí y el ahora es la prioridad de su día a día. Tienen comportamientos inmaduros con respecto a no haber evolucionado pensando que si bien y afortunadamente ya no tenemos la creencia obsoleta de que todo ha de hacerse por sacrificio como pensaban nuestras bisabuelas, se pasan al bando contrario para defender la idea de que todo lo quieren para ya caiga quien caiga, aun estando sus hijas en la ecuación secundaria.
Las hijas crecen sintiéndose poco importantes y, una vez más, con ausencia de apoyo emocional por parte de sus progenitoras, lo que lleva de nuevo a la tendencia de personalidades de baja autoestima y con numerosas carencias.
La teoría del aprendizaje se basa en que todos aprendemos por observación de modelos de comportamiento. En muchas ocasiones, las hijas observamos que lo que nuestras madres nos muestran no nos gusta, por lo que afortunadamente aprendemos oponiéndonos a ese modelo de comportamiento. En otras ocasiones, aun sin gustarnos lo que vemos, tendemos a imitarlo, desencadenando nosotras unos comportamientos heredados contra los que somos incapaces de luchar. En ambos casos, las consecuencias de tener patrones de comportamientos disfuncionales por parte de nuestras madres nos impiden una adaptación al medio y una dificultad para comportarnos de manera adulta.
5.-MADRE NARCISISTA O MADRE TRAUMA
Este es el modelo más peligroso, protagonista del diagnóstico del siglo XXI, respecto a las últimas investigaciones. Se trata mucho más que un estilo de madre, ya que es una patología cuyos estragos en las hijas pueden llegar a ser devastadores.
Madres con trastorno narcisista de la personalidad cursan con una disfunción en su estructura mental básica que acarrea un vínculo llamado traumático que incluso hace que las hijas puedan cursar con trastorno postraumático.
La sociedad sigue silenciando este tipo de madres por desinformación, siendo cómplices en denominarlas “madres complicadas”. Sin embargo, en la actualidad somos muchos los profesionales que nos encargamos de visibilizar este trastorno para que se pueda identificar y poder llamar estas conductas con propiedad.
Una madre narcisista es una persona carente de empatía a consecuencia de tener un déficit de oxitocina, lo que le hace tener un comportamiento ecpático que tiende a deshumanizar a sus hijas y a cosificarlas, convirtiéndolas en suministro o gasolina para conseguir sus objetivos, en muchas ocasiones, perversamente premeditados.
La manipulación es la herramienta de educación, por lo que la relación puede llegar a tener atisbos de maltrato. El refuerzo intermitente ofrece un pseudo amor a las hijas caracterizado por la inseguridad e incluso una sensación de indefensión donde la duda constante acerca de este tipo de vínculo lleva a la temida y grave sensación de disonancia cognitiva, o lo que es lo mismo, no tener ningún punto de referencia de lo que es el amor materno.
Las hijas de estas madres generan vínculos disfuncionales en sus relaciones sociales en general y en las relaciones de pareja en particular, tomando el rol de sumisas y estableciendo vínculos tóxicos con parejas dominantes e incluso con parejas que cursan con abuso físico, emocional, psicológico e incluso económico.
Es difícil ser conscientes de este tipo de vínculo tóxico, ya que el ser humano no está preparado para identificar la ausencia de amor y cuidado; nuestra tendencia natural es la de sentirnos queridos y cuidados y no al contrario. Por ello, solemos permanecer en estos ambientes tóxicos entre otras cosas, porque se trata de nuestra casa y hogar y, por lo tanto, de nuestra caja de confort, aunque sea un auténtico ambiente de todo lo contrario.
6.-MADRE FUNCIONAL Y COMPLETA
Afortunadamente, gran cantidad de madres cursan con esta manera de educar, que no es otra que la de poner al servicio de sus hijas toda su salud mental en su máximo esplendor. Son madres con gran capacidad para la responsabilidad afectiva, teniendo la empatía como protagonista de la relación y una alta madurez para priorizar un vínculo sano y saber discernir entre lo que necesitan sus hijas de lo que les hace daño.
Saben manejar los límites con gran sentido de la justicia y de la libertad y se relacionan con sus hijas sin compararlas con los demás, sin exigirlas perfección, reforzando sus fortalezas y enseñándolas a detectar sus áreas de mejora, bajo el modelo de que ser capaces de asumir las vulnerabilidades es la principal sabiduría del ser humano.
Muestran a sus hijas herramientas para que sean portadoras de habilidades sociales entre las que destaca la asertividad para poder hacer y decir lo que se quiere hacer y decir en cada momento, además de mostrar un sistema de valores férreo con su ejemplo. La coherencia entre lo que dicen y hacen estas madres sirve de modelo para sus hijas con el fin de un buen posicionamiento como individuos únicos e individuos sociales.
Un famoso profeta, Khalil Gibran, habló acerca de que el verdadero sentimiento hacia los hijos era estar convencidos desde el principio de que nuestros hijos no son nuestros, sino hijos de la vida, y que nosotras como madres hemos de ser conscientes de que nuestras hijas no vienen de nosotras, sino a través de nosotras, que podemos darles nuestro amor, pero no nuestros pensamientos, porque ellas tienen sus propios pensamientos.
“Como madres, tan solo somos el arco del cual nuestras hijas son lanzadas como flechas hacia su propia serenidad y felicidad”.
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Fuente: https://pilarguerra.es


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