Autor: Valéry Brosseau
La depresión bipolar es como una manta vieja y descolorida, desgastada justo en los puntos adecuados. Esa que no soporto tirar. De vez en cuando se cae del armario y la recojo, me envuelvo en ella y me escondo del mundo. Es cómoda, me resulta familiar.
Sin embargo, ese es el problema: esa comodidad, esa sensación de familiaridad. Cuando siento que me asalta la depresión bipolar, siento dos cosas. Siento ansiedad anticipatoria al pensar que las cosas están a punto de complicarse, pero también siento una atracción por lo conocido. Sé cómo funciona esto, sé qué esperar. Los buenos momentos son más precarios. Cuando mi estado de ánimo es más estable, más neutral, me pregunto cuándo terminará, me pregunto cuándo me derrumbaré. Cuando la depresión aparece, sé que, sin importar cuánto dure, seguirá un patrón que me resulta familiar.
Cuando caigo en depresión bipolar, me pierdo a mí misma. Me retraigo. Constantemente siento que no puedo conectar con la gente. Con los años, he aprendido a buscar ayuda cuando la necesito y a pedir apoyo a quienes están cerca de mí. A pesar de hacerlo, la depresión me hace sentir sola y sola. Me hace sentir separada de quienes me rodean, diferente. Pierdo mi energía y motivación habituales. Ser productiva y mantenerme ocupada suele ser un poderoso mecanismo de afrontamiento para mí, pero cuando estoy deprimida, pierdo esa parte de mí. Tengo problemas para mantenerme activa, quiero dormir demasiado, procrastino pero me siento inquieta al mismo tiempo. Mi incapacidad para ser tan productiva como de costumbre también me genera sentimientos de culpa. Me culpo por lo que percibo como incompetencia y siento vergüenza cuando no puedo cumplir con las expectativas poco realistas que me fijo.
A pesar de la dificultad de estos sentimientos, los conozco. A menudo quiero sumergirme más en ellos. Quiero rendirme al deseo de volver a la cama y dormir todo el día. Me reconforta mirar la pantalla durante horas sin lograr nada. Siento que no hay otra opción.
He aprendido algunas cosas que puedo hacer para mitigar mi depresión bipolar y sobrellevarla mejor antes de que se manifieste con toda su fuerza. Si empiezo a tiempo, estas medidas también pueden ser preventivas y ayudarme a mantenerme a flote:
1. Divide las tareas en pasos más pequeños y toma descansos frecuentes: La depresión puede hacer que cualquier tarea parezca titánica. Puede hacernos sentir que cada proyecto es un reto insuperable y que nos sentimos demasiado intimidados como para siquiera empezar. Me parece muy útil dividir cualquier tarea o proyecto en partes lo más pequeñas posibles. Si tienes que contactar a 5 clientes sobre algo, divide el trabajo en más partes de las que normalmente harías. Haz una lista con la información de contacto de los clientes, redacta el correo electrónico, revísalo, personalízalo para cada cliente o añade sus nombres, y envía el correo. Quizás normalmente esto figuraría en tu lista de tareas como un simple punto: "enviar correo electrónico a los clientes". Dividirlo en pasos más pequeños lo hace más manejable y te permite tomar descansos cortos entre cada paso, lo cual puede ser clave para gestionar la poca energía que tienes.
2. Deja el despertador fuera de la habitación: Esta es bastante sencilla. Dejar el despertador fuera de la habitación te obliga a levantarte de la cama para silenciarlo. Me parece que tener que levantarme y ponerme en marcha reduce la necesidad de volver a dormir. Muchos usamos el móvil como despertador; dejarlo cargando en otra habitación y tener que ir a ella por la mañana te motiva a levantarte y a ponerte en marcha.
3. Salir de casa: Salir de casa al menos una vez al día puede ser muy útil tanto para mantenernos conectados con el mundo e interactuar con los demás, como para sentirnos más productivos. Dar un paseo puede ser suficiente, al igual que hacer un recado sencillo cada día. El aire fresco puede mejorar nuestro estado de ánimo, aunque sea ligeramente, e interactuar con otras personas puede hacer lo mismo. También puede aliviar la soledad que nos produce la depresión.
4. Vístete : Muchos de nosotros ahora trabajamos desde casa, y este entorno significa que pasamos el día sin interactuar con nuestros compañeros ni salir. Puede ser tentador usar ropa cómoda, o incluso pijama, pero hacer lo contrario puede mejorar nuestro estado de ánimo, ayudarnos a sentirnos más productivos y aumentar nuestra autoestima. Intenta vestirte todos los días, incluso si no tienes adónde ir. Ponte ropa con la que te sientas cómodo y, aunque no es necesario ponerse un traje si te quedas en casa, intenta usar algo que te haga sentir profesional y seguro.
La depresión bipolar puede ser extremadamente difícil de superar, especialmente después de un episodio maníaco. El contraste entre ambos estados de ánimo puede hacerla extremadamente dolorosa y difícil de manejar. Hay cosas que podemos hacer para asegurarnos de no caer en la familiaridad de la depresión ni ceder al deseo de aislarnos. Aunque estos consejos son sencillos, no siempre son fáciles de implementar. Lo importante es que lo intentemos y busquemos apoyo cuando lo necesitemos. Debemos recordar que hemos sobrevivido a esta enfermedad hasta este punto y que podemos seguir haciéndolo.
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