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Ketamina: riesgos reales y mitos

En los últimos años, la ketamina ha pasado de ser una anestesia utilizada en entornos hospitalarios a convertirse en una sustancia de consumo recreativo. Este cambio, acelerado por su aparición en espacios nocturnos y por la difusión de información incompleta en redes sociales, ha generado una percepción ambigua: para algunos es “una droga suave” y para otros un tratamiento clínico innovador. La realidad es más compleja. La ketamina es un fármaco con usos médicos legítimos, pero también con un alto potencial adictivo y riesgos graves cuando se consume fuera del contexto profesional. Entender qué es, cómo actúa y cuáles son sus riesgos es esencial para desmontar mitos que hoy dificultan la prevención.

¿Qué es realmente la ketamina?

La ketamina es un anestésico disociativo desarrollado en los años sesenta para uso médico. Se utiliza en cirugías breves, en cuidados intensivos y en situaciones donde otros anestésicos no son adecuados. En los últimos años ha comenzado a investigarse su eficacia en casos específicos de depresión resistente al tratamiento, siempre bajo supervisión psiquiátrica y en contextos hospitalarios. Fuera de ese marco clínico, la ketamina se consume por sus efectos disociativos, lo que genera una sensación de desconexión con el cuerpo y la realidad, junto con alteraciones perceptivas y euforia. Es precisamente esta experiencia lo que favorece su uso recreativo.

De fármaco clínico a droga recreativa

En el ámbito hospitalario, la ketamina se administra en dosis controladas, con monitorización constante y con objetivos terapéuticos definidos. En cambio, en el consumo no médico, la persona no conoce la dosis, la pureza ni la combinación con otras sustancias. Este es uno de los factores que aumenta el riesgo:

  • El efecto aparece de forma rápida.
  • Se desconoce la concentración real.
  • El consumo suele mezclarse con alcohol y estimulantes.
  • Su uso se produce en entornos sin asistencia sanitaria.

La idea de que es una droga “más segura” porque se utiliza en hospitales es uno de los mitos más extendidos.

¿Por qué aparece el mito de que “no es peligrosa”?

Existen dos factores que han construido esta percepción:

1) Su origen médico.

 Que un fármaco se utilice en medicina no lo convierte en seguro fuera de ese contexto. La diferencia entre tratamiento y riesgo está en la dosis, la indicación, el entorno y la supervisión.

2) La asociación con tratamientos psiquiátricos.

Algunas investigaciones han mostrado beneficios en casos de depresión grave cuando se administra en condiciones clínicas estrictas. Este dato aislado, fuera de contexto, ha dado lugar a una interpretación errónea: “si sirve para la depresión, no puede ser malo”. Esa conclusión ignora décadas de evidencia sobre su potencial adictivo y los daños que causa en consumo recreativo.

Efectos y riesgos del consumo recreativo

Los efectos de la ketamina dependen de la dosis y de la vía de administración. En consumo recreativo se utiliza principalmente por vía intranasal, aunque también puede inyectarse o ingerirse. Los efectos inmediatos incluyen desorientación, alteraciones de la percepción, pérdida de coordinación, náuseas y taquicardia. En dosis altas aparecen episodios de disociación intensa, conocidos como “K-hole”, donde la persona pierde contacto con su cuerpo y su entorno durante un periodo breve pero angustiante. Más allá de estos efectos iniciales, el riesgo real está en el impacto mantenido sobre el organismo. El consumo repetido puede provocar lesiones graves en la vejiga y el sistema urinario, con síntomas como dolor al orinar, urgencia constante e infecciones recurrentes. Este daño puede volverse irreversible y requerir cirugía en casos avanzados. A nivel neurológico, el uso prolongado altera funciones cognitivas, como la memoria y la atención, y aumenta el riesgo de episodios psicóticos, ansiedad intensa y cambios bruscos en el estado de ánimo.

¿Puede generar adicción?

Aunque muchas personas creen que la ketamina no crea dependencia, la evidencia indica lo contrario. La disociación y la euforia que produce pueden generar un patrón de búsqueda compulsiva del efecto, incluso cuando la persona sabe que le está causando daño físico. Esta dinámica se asocia con tolerancia (necesidad de dosis cada vez mayores) y abstinencia emocional, caracterizada por irritabilidad, ansiedad y vacío emocional entre consumos. La combinación con otras sustancias, especialmente alcohol y estimulantes, aumenta de forma considerable el riesgo de sobredosis y de consecuencias graves para la salud.

Sobredosis: cuándo pedir ayuda

Una sobredosis de ketamina puede manifestarse mediante confusión extrema, vómitos persistentes, pérdida de la conciencia, dificultad respiratoria y convulsiones. Ante cualquier sospecha, es fundamental buscar asistencia médica inmediata. En el ámbito hospitalario, la supervisión temprana permite estabilizar a la persona y prevenir daños mayores. Una vez superada la fase aguda, el tratamiento debe abordar tanto los efectos físicos como el origen del consumo, ya que la recaída es frecuente si no se aborda el problema desde una perspectiva integral.

Tratamiento y recuperación

Actualmente no existe un fármaco específico para la adicción a la ketamina, lo que hace que el papel de la psicoterapia y el acompañamiento profesional sea central. Los tratamientos más eficaces combinan intervención psicológica, terapia grupal, apoyo médico y trabajo con la familia. El objetivo no es solo abstenerse, sino entender la función que tenía el consumo en la vida de la persona y construir alternativas que permitan recuperar autonomía y bienestar. La contención profesional y un entorno de apoyo son clave para reducir el riesgo de recaídas.

Una visión necesaria: ni inocua ni milagrosa

La ketamina no es una droga inocua, pero tampoco es una solución rápida para problemas emocionales complejos. Es un fármaco útil en contextos clínicos específicos y un riesgo serio cuando se utiliza sin supervisión. La diferencia está en el propósito y en el cuidado: lo que en el hospital es tratamiento, en la calle puede convertirse en daño. En Forum acompañamos procesos de recuperación con un enfoque integral. Si tú o alguien cercano necesita apoyo, podemos ayudarte a encontrar un camino de salida. 

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Fuente: https://www.forumterapeutic.com/2025/12/19/ketamina/

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